El crimen de María Verónica Tessari se repite bajo la dictadura chavista Por José Alberto Olivar

En marzo de 1992 cuando el país se debatía en una profunda crisis, la entrada de la UCV era escenario de protestas estudiantiles que casi a diario se suscitaba en contra de la situación de desasosiego reinante. Una joven periodista que fungía como corresponsal de un medio de comunicación colombiano, es enviada para cubrir la más reciente protesta que desde hacía días mantenía en jaque al gobierno de Carlos Andrés Pérez. Su nombre, María Verónica Tessari, quien al salir a reportear el suceso no imaginó que ella misma sería la noticia del día.

A medida que los ánimos se fueron caldeando, dados los violentos procedimientos aplicados por funcionarios de la Policía Metropolitana para disolver las manifestaciones públicas, el saldo de heridos y en algunos casos de fallecidos causaba estupor en la opinión pública. De manera que no resulta extraño que  la periodista Tessari, estuviese entre los reporteros que acudieron a cubrir la noticia. Pero en eso, una bomba de gas lacrimógeno impacta sobre su cabeza, generándole un grave traumatismo cráneo-encefálico. Inmediatamente, es trasladada de urgencia al recinto hospitalario más cercano, donde permanece en terapia intensiva, siendo sometida a varias intervenciones quirúrgicas, hasta que luego de una prolongada agonía, fallece en enero de 1993.

En aquel momento, no aparecieron responsables del hecho, pero su nombre llegó a convertirse en bandera política del movimiento que llevó a Hugo Chávez al poder en 1999. Así se abrieron sendas averiguaciones judiciales y se establecieron presuntas responsabilidades por el exceso policial y violación a los Derechos Humanos.

Todo esto lo traemos a colación, luego de ver como la criminal represión ordenada desde la camarilla roja enquistada hoy en el poder político, no ha dudado en aplicar las recetas del pasado para acallar la voz del pueblo venezolano que ha salido a exigir el fin de la dictadura y el castigo a los golpistas togados del TSJ. Si el crimen cometido con alevosía contra María Verónica Tessari, fue un terrible acto genocida cometido por funcionarios policiales inescrupulosos, qué podemos decir, de la horrenda acción emprendida por los gendarmes al servicio de la dictadura, que no dudan en emboscar a manifestantes pacíficos y lanzar al aire como en aquel año 1992, recipientes de bombas lacrimógenas, no para dispersar al pueblo, sino para asesinar impunemente, alentados por los llamados a derramar sangre proferidos por Diosdado Cabello, Freddy Bernal y Aristóbulo Istúriz, recientemente.

Asesinos, criminales, delincuentes que se rasgan las vestiduras cuando se proclaman protectores de los Derechos Humanos, cuando en realidad son verdugos de la peor calaña.

Así como María Verónica Tessari, hoy muchos jóvenes venezolanos están en la calle, exponiendo de manera valiente sus vidas para hacer frente al régimen dictatorial y corren el riesgo de sufrir igual o peor suerte que aquella prometedora periodista. Sin embargo, la llamarada de la libertad los llena de arrojo y están dispuestos a seguir en las calles hasta recuperar la Democracia hoy secuestrada.

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